Apenas recuerdo tu nombre.
Siempre espero que te acuerdes de mí,
Aunque soy nadie, en medio de esta nada,
Siempre deseo que tú,
Que también eres nadie navegando
En mares de nada,
Me recuerdes
Sepas mi nombre,
Te apiades de mi dolor.
Te saludo,
Te sonrío
Con mi mejor boca,
Te sorprendes,
No entiendes,
Por qué te llamo,
Te toco.
Te pierdes
Entre olas de gente.
Tu nombre vuelve borroso,
Es lo que parece,
Junto a otros nombres de mi agenda.
Inevitablemente
Tu rostro también
Se pierde.
Muerto en calles bulliciosas.
miércoles, 22 de enero de 2014
viernes, 13 de diciembre de 2013
No envejezcas
Tenaz, insistes en decirme que ya no soy joven,
pero que no envejezca.
Tenaz, persistes en señalarme el calendario que conservas
en tu corazón envilecido.
Muestras, sin titubeos, los meses, los días borrados,
esos que ahora son sólo un número.
Me repites constante cómo podía haber sido
lo que no ha sido,
lo que no tiene remedio.
Ayer fue principios de siglo,
hoy amanece tarde ese sol de invierno que anuncia
lo que somos
hojas que lleva el viento.
Ligeros y caducos.
pero que no envejezca.
Tenaz, persistes en señalarme el calendario que conservas
en tu corazón envilecido.
Muestras, sin titubeos, los meses, los días borrados,
esos que ahora son sólo un número.
Me repites constante cómo podía haber sido
lo que no ha sido,
lo que no tiene remedio.
Ayer fue principios de siglo,
hoy amanece tarde ese sol de invierno que anuncia
lo que somos
hojas que lleva el viento.
Ligeros y caducos.
Breve encuentro
Te encontré en la calle
apresurada de coches,
niños corriendo a clase,
las manos frías de afecto,
tus ojos escondidos
tras unas gafas distraídas.
Se caía el bolso,
la carpeta,
los documentos,
el otro bolso,
las llaves del coche,
las llaves de tu destino.
Quería decirte que
te quiero,
que quizás podemos parar
y mirarnos el alma.
Balbuceaste algunas sílabas
de cansancio
y vi cómo te alejabas
en un vehículo extraño
de color gris,
como mi desencanto.
apresurada de coches,
niños corriendo a clase,
las manos frías de afecto,
tus ojos escondidos
tras unas gafas distraídas.
Se caía el bolso,
la carpeta,
los documentos,
el otro bolso,
las llaves del coche,
las llaves de tu destino.
Quería decirte que
te quiero,
que quizás podemos parar
y mirarnos el alma.
Balbuceaste algunas sílabas
de cansancio
y vi cómo te alejabas
en un vehículo extraño
de color gris,
como mi desencanto.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Memorias
No se si es tiempo de recordar, o al menos, el tiempo cierto.
Pero mi espíritu, como si de un pájaro joven se tratara, vuela lejos.
Se marcha.
No hay regreso.
Las imágenes se quedaron devoradas por la niebla de la memoria, la imperfección regalada por el olvido.
Ya estoy olvidando los viejos árboles con ramas vencidas hasta el suelo.
También estaba el arroyo, con un hilillo agónico de agua.
Y el mar.
Siempre el mar.
Luces multicolores adornando las barcas que iluminaban la noche de pies y manos negras.
Los erizos salvajes escondidos en las rocas.
Siempre el mar.
Distinto.
Cambia.
Me hace pensar en algo lejano que viene hacia mí.
La esperanza quizás.
La lámpara que reflejaba la carpa de un circo en el techo de mi casa.
Había grandes elefantes de oro, monos saltando.
No se si es tiempo. Es pronto.
Pero ya recuerdo el olor hambriento del mar.
La cal blanca de la casa, como una rodaja de pan, a mis pies.
Mi memoria así, me lleva al tiempo de la infancia rota.
El niño muerto.
El niño que se escondía del miedo.
La foto del niño que se oscurece en la memoria.
Pero mi espíritu, como si de un pájaro joven se tratara, vuela lejos.
Se marcha.
No hay regreso.
Las imágenes se quedaron devoradas por la niebla de la memoria, la imperfección regalada por el olvido.
Ya estoy olvidando los viejos árboles con ramas vencidas hasta el suelo.
También estaba el arroyo, con un hilillo agónico de agua.
Y el mar.
Siempre el mar.
Luces multicolores adornando las barcas que iluminaban la noche de pies y manos negras.
Los erizos salvajes escondidos en las rocas.
Siempre el mar.
Distinto.
Cambia.
Me hace pensar en algo lejano que viene hacia mí.
La esperanza quizás.
La lámpara que reflejaba la carpa de un circo en el techo de mi casa.
Había grandes elefantes de oro, monos saltando.
No se si es tiempo. Es pronto.
Pero ya recuerdo el olor hambriento del mar.
La cal blanca de la casa, como una rodaja de pan, a mis pies.
Mi memoria así, me lleva al tiempo de la infancia rota.
El niño muerto.
El niño que se escondía del miedo.
La foto del niño que se oscurece en la memoria.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Se puso su mejor vestido.
Pintó una sonrisa.
Dibujo estrellas en sus pupilas.
Cerró la puerta con cuidado.
Dejando perfumes
En el aire,
restos de la ultima silaba.
Entre las uñas la tierra ennegrecida
Porque había cavado la tumba de sus pesadillas.
Desayunó unas lineas de agonía.
Letras huérfanas en papeles arrugados.
Y así fue
Poesía.
El viento se levantó fuerte.
Siempre lo hace.
Y detrás de las ventanas miles de rostros
Se vistieron para buscar la muerte del alma.
Las luces de los edificios iluminaron esa Nada.
Alguien gritó :
En la calle un papel!
De palabras, ideas, presagios, verdades canallas.
Y así fue
Poesía.
Y como decía al principio,
Cerró la puerta.
Ya nadie la recuerda.
No son días
No hay hombres para la Poesía.
Esa que fue un día madre y amante,
Olvidado reflejo de la luna, encallada
En una isla solitaria.
Isla de destierro en medio de un mar cibernético,
Donde no hay plazas para que los niños jueguen,
Coman pan con chocolate,
Imaginen piratas a mediodía,
Abracen la Poesía.
Pintó una sonrisa.
Dibujo estrellas en sus pupilas.
Cerró la puerta con cuidado.
Dejando perfumes
En el aire,
restos de la ultima silaba.
Entre las uñas la tierra ennegrecida
Porque había cavado la tumba de sus pesadillas.
Desayunó unas lineas de agonía.
Letras huérfanas en papeles arrugados.
Y así fue
Poesía.
El viento se levantó fuerte.
Siempre lo hace.
Y detrás de las ventanas miles de rostros
Se vistieron para buscar la muerte del alma.
Las luces de los edificios iluminaron esa Nada.
Alguien gritó :
En la calle un papel!
De palabras, ideas, presagios, verdades canallas.
Y así fue
Poesía.
Y como decía al principio,
Cerró la puerta.
Ya nadie la recuerda.
No son días
No hay hombres para la Poesía.
Esa que fue un día madre y amante,
Olvidado reflejo de la luna, encallada
En una isla solitaria.
Isla de destierro en medio de un mar cibernético,
Donde no hay plazas para que los niños jueguen,
Coman pan con chocolate,
Imaginen piratas a mediodía,
Abracen la Poesía.
sábado, 16 de noviembre de 2013
El mar
El mar.
Sólo las gaviotas saben del mar.
De su color,de su hambre.
Sólo las solitarias aves que, empujadas por las estaciones
ven las lenguas del mar
y sus dedos blancos dibujar la costa
de países lejanos.
Aquellos hacia donde va la esperanza.
A veces el amor.
Sólo las gaviotas saben del mar.
De su color,de su hambre.
Sólo las solitarias aves que, empujadas por las estaciones
ven las lenguas del mar
y sus dedos blancos dibujar la costa
de países lejanos.
Aquellos hacia donde va la esperanza.
A veces el amor.
sábado, 26 de octubre de 2013
El loco muere de desamor
Aquí estoy.
De pie.
Esperando
que el viento me clave
su espada de indiferencia.
Aquí estoy.
Asomada
al asombro de mi tamaño
ridículo.
Esperando
que las estrellas iluminen
mi ausencia.
Busqué la ventana más alta.
La ventana más grande.
La ventana más blanca.
Para asomarme y
verte pasar.
Mirando siempre hacia delante,
convirtiéndote tu,
en el viento que todo lo arrastra.
Aquí estoy. De pie.
Loca de desamor.
Buscando la muerte.
De pie.
Esperando
que el viento me clave
su espada de indiferencia.
Aquí estoy.
Asomada
al asombro de mi tamaño
ridículo.
Esperando
que las estrellas iluminen
mi ausencia.
Busqué la ventana más alta.
La ventana más grande.
La ventana más blanca.
Para asomarme y
verte pasar.
Mirando siempre hacia delante,
convirtiéndote tu,
en el viento que todo lo arrastra.
Aquí estoy. De pie.
Loca de desamor.
Buscando la muerte.
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