Aquí estoy.
De pie.
Esperando
que el viento me clave
su espada de indiferencia.
Aquí estoy.
Asomada
al asombro de mi tamaño
ridículo.
Esperando
que las estrellas iluminen
mi ausencia.
Busqué la ventana más alta.
La ventana más grande.
La ventana más blanca.
Para asomarme y
verte pasar.
Mirando siempre hacia delante,
convirtiéndote tu,
en el viento que todo lo arrastra.
Aquí estoy. De pie.
Loca de desamor.
Buscando la muerte.
sábado, 26 de octubre de 2013
lunes, 16 de septiembre de 2013
El pasajero
No sé cómo amanece casi nunca,
da miedo el tiempo,
le busco las curvas y el color exacto de los cabellos.
Desde aquí espero, tras la cortina,
que el sol se asome sobre los cables.
Un autobús se detiene por las calles
del amanecer
con el último pasajero, apenas un insecto
por el pasillo abombado de las prisas.
La ciudad se alarga, mastica
con su lengua partida
lo vivido en el amanecer.
El pasajero, con su bolsa de silencios,
se mima las rodillas
por las que escalan sus ojos secos.
No veo cómo muere la noche
casi nunca,
sin embargo hoy espero su agonía
dentro de este este autobús
que atraviesa sin aliento
el amanecer.
da miedo el tiempo,
le busco las curvas y el color exacto de los cabellos.
Desde aquí espero, tras la cortina,
que el sol se asome sobre los cables.
Un autobús se detiene por las calles
del amanecer
con el último pasajero, apenas un insecto
por el pasillo abombado de las prisas.
La ciudad se alarga, mastica
con su lengua partida
lo vivido en el amanecer.
El pasajero, con su bolsa de silencios,
se mima las rodillas
por las que escalan sus ojos secos.
No veo cómo muere la noche
casi nunca,
sin embargo hoy espero su agonía
dentro de este este autobús
que atraviesa sin aliento
el amanecer.
viernes, 28 de junio de 2013
Escucha
El cielo.
Digo que mires el cielo,
cómo las estrellas iluminan las olas derramadas.
Mira las nubes
cómo se transforman,
cómo se encaprichan
¿No recuerdas cuando eramos niños y,
tumbados en la arena las llamábamos flor,
acacia, liebre, ángel?
El cielo.
Digo que levantes la cara y veas
que no se ha ido,
los pájaros siguen volando,
el viento sigue soplando.
El mar.
Te digo que mires el mar,
que te mojes los pies,
pero despacio,
en este mar cubierto de noches.
¡El mar!
Y tu no me escuchas
con la cabeza agachada caminas
por las calles estrechas de tu larga
y próspera vida.
El teléfono a la oreja derecha,
la música en la izquierda.
Y no me escuchas
con paso rápido entras en tu casa,
o en tu trabajo,
o en tu bullicio,
mirándote el pelo en el ascensor
¡qué bonito me ha quedado!
Pero, yo te digo que mires el mar,
o la montaña, o los ríos, o el corazón
de quien te espera.
Y tú no escuchas.
Digo que mires el cielo,
cómo las estrellas iluminan las olas derramadas.
Mira las nubes
cómo se transforman,
cómo se encaprichan
¿No recuerdas cuando eramos niños y,
tumbados en la arena las llamábamos flor,
acacia, liebre, ángel?
El cielo.
Digo que levantes la cara y veas
que no se ha ido,
los pájaros siguen volando,
el viento sigue soplando.
El mar.
Te digo que mires el mar,
que te mojes los pies,
pero despacio,
en este mar cubierto de noches.
¡El mar!
Y tu no me escuchas
con la cabeza agachada caminas
por las calles estrechas de tu larga
y próspera vida.
El teléfono a la oreja derecha,
la música en la izquierda.
Y no me escuchas
con paso rápido entras en tu casa,
o en tu trabajo,
o en tu bullicio,
mirándote el pelo en el ascensor
¡qué bonito me ha quedado!
Pero, yo te digo que mires el mar,
o la montaña, o los ríos, o el corazón
de quien te espera.
Y tú no escuchas.
martes, 25 de junio de 2013
Dime
Dime,
¿de qué color es el mar del norte?
¿hay estrellas allá donde vives?
Dime si la gente es igual,
sus dos ojos, sus diez dedos
allá donde duermes y,
¿duermes entre sábanas?
¿qué arropa tus noches de invierno?
No entiendo
¿cómo puedes vivir tan lejos?
¿de qué color es el mar del norte?
¿hay estrellas allá donde vives?
Dime si la gente es igual,
sus dos ojos, sus diez dedos
allá donde duermes y,
¿duermes entre sábanas?
¿qué arropa tus noches de invierno?
No entiendo
¿cómo puedes vivir tan lejos?
La Casa del Guardia (a mi madre)
Camino por la avenida que besa el mar
con la pasión del primer amor y, sin embargo,
han envejecido juntas
puestos de flores y gaviotas.
Los árboles siguen ahí,
milagro de la paciencia, con sus robustos brazos
alargados hacia los edificios que me contemplan.
Tú también estuviste aquí, conmigo,
caminabas sin mirar atrás
envuelta una capa de historias y desafíos.
Tú me llevabas, luego yo,
con mis pies aún pequeños, vagaba
entre los barriles preñados de risas y estrellas
persiguiendo ratones que merendaban vino dulce.
Tú mientras, te envolvías en noche.
Y cuando llovía, solía correr debajo de tu falda
al ritmo de tus piernas largas.
La calle mojada, resbaladiza, reflejo de miradas,
de gente.
Anduve por esta avenida entonces
igual que ahora, adivinando las olas,
esta avenida que también me observa
desde un rincón de mi memoria
de pasos torpes,
de bombillas amarillas,
de aquella ventana donde un bebé reía
los cuentos que los hombres, alegres,
le contaban.
con la pasión del primer amor y, sin embargo,
han envejecido juntas
puestos de flores y gaviotas.
Los árboles siguen ahí,
milagro de la paciencia, con sus robustos brazos
alargados hacia los edificios que me contemplan.
Tú también estuviste aquí, conmigo,
caminabas sin mirar atrás
envuelta una capa de historias y desafíos.
Tú me llevabas, luego yo,
con mis pies aún pequeños, vagaba
entre los barriles preñados de risas y estrellas
persiguiendo ratones que merendaban vino dulce.
Tú mientras, te envolvías en noche.
Y cuando llovía, solía correr debajo de tu falda
al ritmo de tus piernas largas.
La calle mojada, resbaladiza, reflejo de miradas,
de gente.
Anduve por esta avenida entonces
igual que ahora, adivinando las olas,
esta avenida que también me observa
desde un rincón de mi memoria
de pasos torpes,
de bombillas amarillas,
de aquella ventana donde un bebé reía
los cuentos que los hombres, alegres,
le contaban.
lunes, 19 de noviembre de 2012
un momento
Huele a castañas calientes
a pasos perdidos de animal
disfrazado y neurótico.
Me dejaste envuelta en aquel abrigo
roto, después de dormir escondidos
en las alas del momento.
a pasos perdidos de animal
disfrazado y neurótico.
Me dejaste envuelta en aquel abrigo
roto, después de dormir escondidos
en las alas del momento.
martes, 13 de noviembre de 2012
El loco envejece
Es indudable. Es indómito
el tiempo,
como un mechón rebelde,
como un niño perverso.
Miro el espejo,
creo que mis ojos siguen ahí,
moviéndose salvajemente
en sus órbitas.
Pero descubro
que son dos piedras
negras ocupando esas cuencas.
Y la calle.
Esa de arena y
piedrecitas menudas, ya no
es calle,
es avenida, larga
soledad para el que la recorre.
Yo sigo aquí
y eso que no queda sitio
para nadie,
dentro de mis manos la piel enrojecida
lejos.
Y aquí dentro también
pasan las horas
a través de este tic tac sanguíneo,
este ser
doloroso.
el tiempo,
como un mechón rebelde,
como un niño perverso.
Miro el espejo,
creo que mis ojos siguen ahí,
moviéndose salvajemente
en sus órbitas.
Pero descubro
que son dos piedras
negras ocupando esas cuencas.
Y la calle.
Esa de arena y
piedrecitas menudas, ya no
es calle,
es avenida, larga
soledad para el que la recorre.
Yo sigo aquí
y eso que no queda sitio
para nadie,
dentro de mis manos la piel enrojecida
lejos.
Y aquí dentro también
pasan las horas
a través de este tic tac sanguíneo,
este ser
doloroso.
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